¿Qué pasaría si fueras un defensor de la vida y te volvieran loco los animales?
Está claro que no a todos nos gustan los mismos animales, ni siquiera nos gustan todos… pero, a veces, la vida decide por ti y te pone delante nuevos retos. Eso es precisamente lo que me ocurrió hace unos días.

Nunca he sido muy amante de los reptiles, salvo las lagartijas, que me parecen simpáticas, y las salamanquesas, que me fascinan con esas patitas de dedos regordetes que les permiten caminar incluso por el techo, boca abajo, como Spiderman… El resto de reptiles siempre han sido más cosa de mi hijo mayor, que es el “reptiliano” de la casa. Tuvo una iguana cuando era pequeño, y aún recuerdo los saltos que pegaba yo cuando daba coletazos…
Pero bueno, no nos despistemos.
Hace unos días me encontré, casi sin buscarlo, con una serpiente bebé como mascota. ¿Y cómo ha llegado a mí, si no me gustan los reptiles? Muy sencillo: tiene un pequeño defectillo… ¡un microojo!
Así que me he liado la manta a la cabeza y me he propuesto aprender sobre serpientes. Y, dicho sea de paso, creo que son de los animales más temidos y repudiados en nuestra sociedad… y yo misma siempre me había negado a tocarlos o tenerlos en casa.
Creo que lo primero que debería hacer es presentarme.

Me llamo Ophi. Estoy casada, actualmente soy ama de casa, tengo dos hijos ya independizados y, por fin, dispongo de tiempo para este nuevo hobby. En casa siempre hemos estado muy ligados al mundo de la veterinaria, aunque hasta ahora nunca me había planteado convivir con reptiles. Mi marido, aunque ya le queda poco para jubilarse, aún sigue trabajando… así que aquí estoy, empezando esta nueva aventura.
Y ahora sí… creo que es hora de que conozcáis a nuestra nueva compañera (o compañero).
Aún no tiene nombre porque no sabemos si es macho o hembra. Lo que sí sabemos es que se trata de una serpiente del maíz (Pantherophis guttatus).
Si alguna vez te has planteado tener una serpiente del maíz como mascota, quizá este sea un buen momento para empezar a entender cómo son realmente.
Os dejaré fotos de su nacimiento, de cómo es y, por supuesto, de ese pequeño “defectillo” que la hace única.
Si os interesa el tema y os apetece descubrir una nueva afición —o incluso una posible mascota—, os invito a acompañarme. Vamos a conocer juntos a estos animales tan temidos… y, quién sabe, quizá descubramos que su fama no es tan negra como parece y que esconden un encanto que nunca habríamos imaginado.
De momento, tenemos por delante una semana “de relax”. Me han dicho que hasta que no realice su primera muda no hay que hacer prácticamente nada: solo mantener el papel húmedo del tupper limpio si defeca y cambiar el agua todos los días, lo que además nos permitirá ir observando cómo evoluciona.
Y claro… aquí empiezan las dudas:
¿Qué ocurre durante esta primera semana?
¿De verdad no necesita comer?
¿Es normal no hacer nada?
Desde el punto de vista veterinario, entender estos primeros días puede marcar la diferencia entre hacerlo bien… o empezar con mal pie. Antes de nacer, la serpiente del maíz pasa por un proceso fascinante dentro del huevo. En esta imagen podemos observar la evolución del embrión a lo largo de los días, desde las primeras fases hasta el momento previo a la eclosión ( le agradecemos a nuestro amigo Diego del grupo gutateros que nos haya dejado esta magnífica foto para poderla enseñar)
Así que ha llegado el momento de ponerse en modo investigación.
¿Os apuntáis?






