Menos mal que no ha dado ningún problema en su primer pinki.
Yo no las tenía todas conmigo porque, al no tener los ojos normales, pensaba que quizás ni siquiera se daría cuenta de que tenía el ratón delante. Evidentemente, la naturaleza es mucho más sabia que nosotros.
Y no solo por el tema de los ojos. Me habían comentado que algunas serpientes se niegan a comer en cautividad y que, en esos casos, si no queremos que nuestra nueva mascota termine debilitándose, nos quedan pocas opciones.
La primera sería conseguir una cría de ratón recién nacida o de pocos días de vida, de aproximadamente 1 a 2 gramos de peso. La segunda consistiría en ayudar a la serpiente a alimentarse con un pinki previamente descongelado.

Esta segunda opción se conoce popularmente como «embuchar». Al fin y al cabo, lo que hacemos es introducir el alimento en la boca de la serpiente para estimular que lo trague por sí misma. No es un procedimiento sencillo las primeras veces. De hecho, uno se pone tan nervioso, o incluso más, que la propia serpiente.
Sin embargo, hay ocasiones en las que, tras colocar el alimento en la boca y mantenerlo unos instantes para evitar que lo escupa, podemos ayudarla un poco. Si la sujetamos con suavidad y dejamos que el ratón sobresalga ligeramente entre sus pequeños dientes, muchas veces comienza a realizar movimientos de deglución y termina tragándolo por sí sola.
La alegría y el alivio que se sienten cuando esto ocurre son enormes. Es mucho menos traumático para el animal y, además, sabes que probablemente solo sea cuestión de tiempo que empiece a alimentarse de forma completamente autónoma.
A este tipo de alimentación se le suele llamar alimentación asistida, ya que la serpiente participa activamente en el proceso de deglución.
Cuando hablamos de alimentación forzada, la situación es diferente. En esos casos aparecen varias incógnitas. Por un lado, nunca sabemos cuándo decidirá empezar a comer sola. Algunas serpientes tardan tres o cuatro meses, pero existen casos en los que el proceso puede prolongarse mucho más.
Por otro lado, el desarrollo del animal no suele ser exactamente igual. Las serpientes alimentadas de forma forzada tienden a crecer más despacio. Se cree que esto puede deberse al estrés repetido asociado a cada toma y al gasto energético que supone resistirse al procedimiento.
Afortunadamente, existe una buena noticia. Cuando finalmente comienzan a alimentarse por sí mismas, suelen recuperar el ritmo de crecimiento y terminan alcanzando el tamaño y peso que les corresponde.
Nosotros, por suerte, hemos empezado con buen pie.
Nuestra serpiente come sola.
Esperemos que continúe así y no nos dé demasiados problemas, porque siendo la primera que criamos y teniendo poca experiencia, podríamos acabar casi tan traumatizados como ella.
Ahora toca esperar.
En la naturaleza, las serpientes vuelven a alimentarse después de haber completado la digestión y eliminado los restos de la comida anterior. Por eso, nuestra misión durante los próximos días es sencilla: esperar a que haga su primera caquita y, entonces, volveremos a ofrecerle alimento.
¿Cada cuánto debe comer una serpiente baby?
Si buscáis información en internet encontraréis opiniones para todos los gustos.
Existen incluso varias tablas de alimentación bastante conocidas que indican cuánto alimento ofrecer y con qué frecuencia, dependiendo de si buscamos un crecimiento rápido o uno más progresivo.
Personalmente, prefiero siempre un crecimiento lento y seguro antes que uno excesivamente acelerado. Por ese motivo, si tuviera que elegir una referencia, probablemente me quedaría con la conocida como tabla de Kellogg, utilizada por muchos aficionados y criadores de serpientes de maíz.

Estas tablas se basan principalmente en el peso de la serpiente y establecen tanto el tamaño de la presa como la frecuencia de alimentación recomendada.
De forma general, cuando son recién nacidas se suele ofrecer un pinki pequeño cada cinco días aproximadamente.
Al cabo de unas semanas veréis que, después de comer, la serpiente continúa explorando y buscando alimento. Ese suele ser el momento de pasar al siguiente tamaño de presa, normalmente ratones de unos 3 a 4 gramos.
Más adelante ocurrirá exactamente lo mismo. Conforme vaya creciendo, necesitaremos aumentar progresivamente el tamaño de las presas.
La regla más importante
Hay una norma muy sencilla que nunca debemos olvidar.
La presa nunca debería superar aproximadamente una vez y media el grosor de la parte más ancha del cuerpo de la serpiente.
Siguiendo esta regla evitaremos la mayoría de los problemas relacionados con una alimentación inadecuada.
Por hoy vamos a terminar aquí.
Estas son las primeras conclusiones que hemos sacado de nuestra experiencia con esta pequeña serpiente.
Nos vemos en el próximo capítulo y, como siempre, podéis dejar vuestras dudas en los comentarios. Muchas veces son precisamente esas preguntas las que terminan enseñándonos más cosas a todos.




Todo empezó aquí.
Tras completar su primera muda, llegó el momento de ofrecerle su primer pinki. No sabíamos cómo reaccionaría ni si sería capaz de localizar el alimento, así que este primer intento estuvo lleno de incertidumbre y nervios.
En este vídeo podéis ver exactamente cómo fue ese primer encuentro entre nuestra pequeña guttata y su primera presa.
La paciencia tuvo recompensa.
Después de algunas dudas iniciales, nuestra pequeña serpiente del maíz decidió que había llegado el momento de comer por sí sola. Este es uno de los hitos más importantes durante las primeras semanas de vida y supone una gran tranquilidad para cualquier cuidador.
Aquí podéis verla aceptando voluntariamente su primer pinki y comenzando una nueva etapa de crecimiento.
Por desgracia, no todas las serpientes recién nacidas aceptan alimento desde el principio.
En algunos casos es necesario recurrir a técnicas de alimentación asistida para ayudarles a iniciar la ingestión y evitar que pierdan peso durante sus primeras semanas de vida.
En este magnífico vídeo, José Cordero, de SnakeRoom Serpentarium (Fuengirola), explica de forma clara, práctica y muy didáctica cómo realizar una alimentación asistida o «embuchado» en una serpiente del maíz (Pantherophis guttatus) que rechaza la comida de manera persistente.
Se trata de un material divulgativo de gran valor para aficionados y criadores que desean comprender mejor este procedimiento, siempre recordando que debe realizarse con los conocimientos adecuados y minimizando en todo momento el estrés del animal.
Agradecemos a José Cordero la cesión de este excelente vídeo para el Blog de Ophi.
Podéis conocer más sobre su trabajo y sus instalaciones en: https://www.snakeroomserpentarium.com/